La verdadera cara del sistema educativo de la mayoría de los países de America Latina

Sócrates sostenía que la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente. Tal vez un primer paso sería reconocer que el modelo educativo actual, aplicado en la mayoría de los países, no debería seguir teniendo sus bases en uno creado en el siglo XVIII.

La educación es un tema que nos importa a todos y nos trastoca o nos ha trastocado en cierto momento de nuestras vidas. Sin duda alguna los valores son ingredientes imprescindibles para el desarrollo de cada ser humano. Es importante analizar y cuestionarse cuáles son las bases necesarias para que todo ser humano pueda desarrollar su potencial y bienestar personal que más tarde resultaría en una pieza clave en la sociedad resultando en un bienestar colectivo.

El sistema educativo  actual  busca motivar la calidad de una educación que adicional de la enseñanza de materias nos asegure la promoción de valores que avalen la igualdad de oportunidades para el desarrollo de los alumnos.

No obstante, los indicadores correspondientes a  la educación nos evidencian que los objetivos que tiene el sistema y lo que intentan fomentar está lejos de alcanzar los propósitos. Los indicadores relacionados a la educación que sobresalen son:

  • El bajo rendimiento académico
  • El fracaso escolar
  • Abandono de los estudios

Todo lo antes mencionado nos obliga a pensar y cuestionarnos sobre la metodología que se está ejerciendo en la mayoría de los países. Una vez terminada la educación obligatoriaexiste una gran decersión escolar. Cada vez podemos ver más marcada la desmotivación de los profesores. La educación, según las estadísticas cada vez está más atrás en idiomas, tecnología y otros temas que resultan esenciales en la educación temprana.

Con respecto a Latino américa, el estudio nos muestra que los niños reciben lo que equivale a dos o tres años menos de educación que en otros países con otros métodos de educación. La falta de recursos, la falta de infraestructura y la poca importancia que se le da al profesor, principalmente en la enseñanza pública, forman parte importante del denominador común que aqueja a la mayoría de los países de la región. Adicional a eso, no se puede olvidar las marcadas diferencias sociales que aún hoy, lamentablemente, siguen existiendo, en este mundo que ante la luz pública quieren mostrar una imagen de avances e innovación. Y es que podemos ver en un mundo que tiene de factor común la globalización cada vez es mas marcada las distancias sociales, los pobres más pobres y los ricos más ricos lo podemos ver en la cotidianidad de nuestra vida donde los pobres van a escuelas de pobres, hospitales de pobres, entre otros factores que caracterizan esta diferencia marcada.

En los países menos desarrollados el factor económico de un sector importante de la población latinoamericana conduce a la deserción escolar de los estudiantes. La necesidad de aportar económicamente en el núcleo familiar los obliga indirectamente en una edad temprana a ingresar en el ámbito laboral.

Necesitamos pensar fuera de la caja, necesitamos un cambio

Cada vez podemos observar y en ocasiones hasta experimentar el ambiente hostil que se vive en las instituciones educativas. Lugar donde la mayoría de las personas que se están desarrollando pasan la mayoría del día. Si propiciamos ambientes hostiles, ambientes donde no estamos a gusto tendremos futuros profesionales arrastrando esto toda su vida, desde sus trabajos hasta sus familias. Estas personas simplemente poseen una conducta aprendida, son víctima de un sistema. Por otro lado, esta mala experiencia no la viven los alumnos sino también los profesores que día a día se levantan a dar lo mejor de ellos, pero son atropellados por un sistema que los gobierna y no los deja salir de la caja, se tienen que regir por lo que ya otros escribieron que quieren que enseñen. Adicional a eso son victimas de los bajos salarios; salones saturados de alumnos donde jamás la educación será la mejor elevados y la incomprensión de las finalidades de un sistema que se nutre en constantes reformas son algunas de las causas que van fortaleciendo la desmotivación de estos profesionales, piezas claves en nuestra sociedad.

Año tras años vivimos lo mismo, ¿esto no es más que suficientes para buscar un cambio en nuestro sistema educativo? Tal vez un primer paso sería reconocer que el modelo educativo actual, aplicado en la mayoría de los países, no debería seguir teniendo sus bases en uno creado en el siglo XVIII.

El modelo prusiano introdujo el carácter obligatorio y público de la educación con el fin de garantizar la adaptación e incorporación de los niños en el mundo moderno para así formar trabajadores útiles para el sistema. Esto básicamente significaba crear un mundo adaptado a un sistema donde solo uno iba a salir beneficiado tal y como lo indica el modelo; el sistema sería el único beneficiado y tristemente sigue siendo en la actualidad.

Este modelo regula con pruebas estandarizados un sistema de calificaciones que establece quién sabe y quién no. El que sabe es premiado; el que no, castigado. Una fórmula que, en definitiva, además de generar un carácter competitivo e individualista en los alumnos, centra el desarrollo curricular en el resultado. Pero si la importancia del resultado va por encima del aprendizaje, ¿se puede garantizar que los valores que tanto buscamos inculcar en los jóvenes están incluidos en este sistema educativo?

¿Podemos tener un sistema educativo diferente?

La misión de la educación va más allá del intentar de asimilar y transmitir costumbres, normas e ideas para incorporarse a la sociedad, intentando que todos pensemos y actuemos de tal modo. En la Antigua Grecia, grandes sabios como Sócrates sostenían que la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente. Esto quiere decir, que la objetivo  de la educación debe ser despertar el conocimiento y la sabiduría que ya poseemos de manera individual. El documental de la educación prohibida busca, además de poner en jaque un sistema educativo considerando que los métodos educativos en los centros educativos no van de la mano con los valores que esta asegura y reitera promover.

El sistema educativo actual se rige por el sistema de calificaciones, la práctica de premios y castigos que, sin duda, fomenta la competitividad, la imposición de reglas, las tensiones y el exceso de uso de la memorización como única forma de adquirir conocimientos, nos obliga a plantearnos si realmente los centros educativos están para impulsar la educación y así generar una buena calidad de vida o para establecer un sistema de exclusión. Uno cuyo único objetivo parece ser el de mantener la estructura social vigente.

Debemos fomentar un bien común, tener un propósito común

 Si buscamos lograr que una sociedad donde la libertad, la tolerancia, la responsabilidad, la solidaridad, el respeto y también la felicidad sean los valores con los que cada persona se conduzca, deberíamos evitar cualquier situación que promueva la competitividad. Las comparaciones son el cultivo de futuras frustraciones, y una persona frustrada está muy lejos de desarrollar su potencial para obtener un bienestar personal y por consiguiente común. Y aquel que no logra un bienestar personal difícilmente contribuirá a un bienestar común. Fomentando lo antes mencionado desde temprana edad, en un futuro dejaríamos de preguntarnos porque la sociedad está como está, y es que la sociedad está como está consecuencia de un sistema educativo que dice fomentar una cosa y resulta en el desarrollo de otra, tal como los problemas sociales que vivimos día a día y no entendemos el porqué, tristemente es lo que se le transmitió indirectamente desde temprana edad.

¿Cómo sería para ti la verdadera educación?, ¿Qué te hubiese gustado que hubiesen tomado en consideración? ¿Desarrollemos juntos ideas para elaborar un plan? Pensemos fuera de la caja, pensemos distinto al sistema.

Comparto documental sobre la educación prohibida, que presenta al detalle y con pruebas contundentes lo antes mencionado, realizando estudios en varios países de América Latina.

 

 

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